-
Cuando me jubilé tenía claro lo que no iba a hacer, pero no sabía a qué dedicaría todas mis horas libres. Quería hacer algo que me llenase, algo que sirviera a los demás. Elegí la escritura.
Recordé cómo preparaba cuentos y obras de teatro con mis alumnos y me di cuenta de que tenía una fuente de inspiración a mi alrededor: mis nietos.
Gracias a ellos fui escribiendo cuentos y poesías infantiles. Fue como si escribiera mi diario, mejor dicho, el suyo. Ellos van creciendo y ya han dejado de ser tiernos bebés para pasar a ser jóvenes y casi adolescentes.
El tiempo pasa rápido, pero mis años de cronista infantil han sido los más felices de mi vida. Espero seguir estando ahí mientras la imaginación me siga surtiendo de personajes y situaciones que pueda convertir en bonitas historias para niños y jóvenes.
Quiero agradecer a los ilustradores de mis cuentos el maravilloso trabajo que realizan, iluminando con sus colores y dibujos las historias que escribo.















